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La comunidad de San Andrés de Pisimbalá eligió varios lugares marcados por la guerra para resignificarlos con una exposición de memoria. Foto: Felipe Alarcón, CNMH.

San Andrés de Pisimbalá siembra su «Jardín de Hierbas para la Memoria»

La comunidad de San Andrés de Pisimbalá eligió varios lugares marcados por la guerra para resignificarlos con una exposición de memoria. Foto: Felipe Alarcón, CNMH.

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CNMH

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La comunidad de San Andrés de Pisimbalá eligió varios lugares marcados por la guerra para resignificarlos con una exposición de memoria. Foto: Felipe Alarcón, CNMH.

Publicado

18 julio 2023


San Andrés de Pisimbalá siembra su «Jardín de Hierbas para la Memoria»

Este corregimiento de Inzá, en el departamento del Cauca, ha sanado los dolores de la guerra tomando lo que da la tierra: las plantas han sido aliciente para curar los males corporales y espirituales. Así lo narra el más reciente lugar de memoria que echó raíces en este territorio.

En San Andrés de Pisimbalá todo es de guadua: las camas, las mesas, el bahareque que sostiene las casas, las ventanas, las sillas del parque y los bosques húmedos de guaduales hundidos en la cordillera de los Andes. La guadua soporta el corregimiento entero, que está conformado por cuatro veredas y donde hay una profunda conexión con la tierra.

Y si la guadua lo sostiene todo en este corregimiento famoso por albergar el Parque Arqueológico de Tierradentro, el verde de las hierbas y las plantas adorna todo Inzá, el municipio que lo acoge, muy cerca al nudo cordillerano andino del macizo colombiano, donde nacen los ríos Cauca y Magdalena. El romero se derrama sobre las macetas; la sábila crece como una corona; la desvanecedora muestra su forma de corazón y el orozú luce sus capullos de minúsculas flores.

La simbiosis con la tierra ha mantenido de pie a la comunidad campesina que comparte el territorio con varios pueblos indígenas, y que ha sembrado y usado hierbas y plantas para sanar los dolores corporales, pero también para curar las heridas que dejó la guerra, una guerra que llegó hasta allí por la conveniencia de su geografía y que ha permanecido en el territorio.

 

Los enfrentamientos entre la guerrilla y la fuerza pública, tan devastadores en distintos lugares, también lo fueron en Pisimbalá. Allí todos recuerdan las ráfagas de fuego y el sonido de las balas del 17 de marzo de 1967. «Nosotros teníamos como cinco años, no sabíamos qué era un helicóptero. Ese día bajaba una chiva y, según [los lugareños], ahí venían unos policías, y los policías miraron a los que venían a pie, y esos empezaron a dispararles a los de la chiva», recuerda Leticia Findicue, quien vive justo sobre el punto donde la guerrilla decidió ultimar a los heridos. «A esta gruta los trajeron amarrados y los mataron», cuenta, sentada sobre los escalones que conducen a la gruta de las Siete Cruces que instaló allí la comunidad para recordar a los asesinados.  Las balas alcanzaron a varios líderes de la vereda Brisas de Ullucos, así como a dos hermanas misioneras de la Madre Laura.

Otros males para curar

El reclutamiento forzado también alcanzó a Pisimbalá. Desde hace varias décadas, las familias campesinas han visto cómo las antiguas FARC-EP venían por sus hijos y nietos; hoy lo hacen las disidencias de ese grupo guerrillero. Veían cómo los arrancaban de la tierra y subían montaña arriba, hasta perderse en las estribaciones de la cordillera. Algunos de ellos regresaron como fugitivos y le fueron arrebatados de nuevo, para siempre, a la tierra, al campo, a la familia.

En la escuela de la vereda El Parque lo recuerdan, porque en ese lugar acabaron con los sueños de una adolescente que había sido alumna. Su retrato está allí ahora, en el nuevo lugar de memoria extendido del corregimiento, llamado «Jardín de Hierbas para la Memoria». Como no podía ser de otra manera, la guadua soporta la estructura de los paneles que conforman una exhibición que se integra a través de una ruta expositiva de ocho módulos ubicados a lo largo de las cuatro veredas del corregimiento: San Andrés Centro Poblado, El Parque, Segovia y Brisas de Ullucos.

 

Conoce también la iniciativa de memoria creada por jóvenes del Teatro Esquina Latina de Cali

 

Cada uno de los dispositivos expositivos está sembrado en algún lugar que —de acuerdo con la elección de sus habitantes— debe ver nacer nuevos recuerdos. Así lo planteó el Plan Integral de Reparación Colectiva (PIRC) creado para esta comunidad campesina, que estuvo acompañado por el Centro Nacional de Memoria Histórica a través de su Estrategia de Reparaciones y que enfatiza en la necesidad de «resignificar los sitios de terror presentes en el territorio». De este modo, donde antes los cuerpos cayeron, hoy está presente su memoria a través de una exposición que transita por el contexto histórico de cada vereda, por los hechos victimizantes vividos en ese lugar exacto y por las plantas que la comunidad ha sembrado para curarse colectivamente.

El 9 de julio se llevó a cabo la inauguración de la exposición «Jardín de Hierbas para la Memoria» en las cuatro veredas de Pisimbalá. Aquí, los líderes de la vereda Segovia. Foto: Felipe Alarcón, CNMH.
El 9 de julio se llevó a cabo la inauguración de la exposición «Jardín de Hierbas para la Memoria» en las cuatro veredas de Pisimbalá. Aquí, los líderes de la vereda Segovia. Foto: Felipe Alarcón, CNMH.

«El objetivo es buscar un alivio a tanto dolor que hemos tenido como víctimas. Cada planta que hay dentro de esa resignificación la hemos tomado para poder dormir, para poder estar más tranquilos, para poder, en algún momento, olvidarnos de tanto dolor que ha ocasionado la guerra. Plantas para sanar el alma», explica María Pencue, sentada sobre una banca de guadua en la escuela de la vereda El Parque, a pocos metros de donde sus vecinos ayudan a levantar el lugar de memoria. «Muchas veces yo sé que hemos tenido acompañamiento psicológico y eso nos ha servido muchísimo, pero en el fondo lo que nos ha aliviado a nosotros son las plantas», agrega la lideresa.

Traigo la ruda, la albahaca, la paz…

En San Andrés de Pisimbalá, las hierbas tienen un significado especial, porque han curado dolores que no pasaron antes por la cabeza de nadie. La albahaca, por ejemplo, ha sido la aliada en los momentos de tristeza: «Cuando usted siente que no puede dormir, que siente angustia, se toma un té de albahaca», refiere Pencue. El toronjil ayuda con los dolores del corazón y las taquicardias, y la hierbabuena se usa para tranquilizarse.

«La ruda tiene muchos usos. Por ejemplo, si hay una persona que falleció y hay niños pequeños, la tradición antigua es que, si voy al velorio de una persona, hay hielo, y voy a llevar al niño de hielo. Entonces si voy al velorio me llevo una matica de ruda, porque dicen que la ruda cura el hielo». Lo dice Fernando Perdomo, líder de la vereda Segovia.

Ese vademécum incluye bebidas que, por supuesto, son hechas a base de hierbas, como el chirrinchi de menta, que promete aliviar la gripa; o como la panela orgánica de limoncillo o maracuyá, producto del trabajo con la caña de azúcar, que los pisimbaleños procesan en los patios y terrenos abiertos.

«Algunos van al hospital, otros van adonde los yerbateros, pero a la mayoría le gustan las plantas, porque, como dicen por ahí, y yo soy uno de ellos, si una planta no le hace bien, tampoco le va a caer mal; pero si una pasta le cura una cosa, le perjudica otra». A esa tradición se encomienda Fernando, que tomaba paico —una aromática que hacía su mamá— cuando tenía dolor de estómago.

Tomando lo que la tierra les ofrece, los lugareños de San Andrés de Pisimbalá se han mantenido en pie, han construido sus casas y parques, y han sanado sus dolores; de allí que, para ellos, no haya mejor receta que la tierra misma. Su conexión vital pasa por entender lo que nace de ella, tomarlo y usarlo con respeto. Saben de la paz porque conocen los secretos de la despensa asombrosa que los rodea, de la armonía en la que habitan. Se han sostenido entendiendo que hay que sembrar lo que sana para cosechar alegrías.

Los pisimbaleños han transmutado los dolores del cuerpo y del alma gracias a las plantas, esas mismas que vienen del campo que cuidan y cosechan. El jardín de hierbas que riegan día a día es la memoria viva de su resistencia.


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Pueblo Misak

El Pueblo Misak de Silvia (Cauca) sana su territorio con el monumento de Taita Shur Juan Tunubalá

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CNMH

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CNMH

Publicado

5 de agosto 2021


El Pueblo Misak de Silvia (Cauca) sana su territorio con el monumento de Taita Shur Juan Tunubalá

  • Una escultura del taita Juan Tunubalá, asesinado en 1988 en hechos presuntamente atribuibles a la guerrilla Quintín Lame, será instalada y develada este sábado 7 de agosto, en una jornada que incluye la armonización del territorio y diálogos sobre este proceso de sanación y construcción de memoria.
  • El Centro Nacional de Memoria Histórica acompaña a la comunidad misak del Cauca en los actos programados, luego de apoyar esta iniciativa de memoria histórica. 

Desde el 2020, la consigna de las autoridades de la comunidad misak del resguardo Guambía de Silvia (Cauca) ha sido “Recuperar la tierra y la memoria para recuperarlo todo”. Así, política y simbólicamente reescriben y resignifican la historia del pueblo misak, y la de Colombia entera. 

Y para recuperar, hay que sanar. Por esto, las autoridades ancestrales de esta comunidad indígena, en cabeza del taita Pedro Velasco y mama Tatiana Bachiller, desde el año pasado, y en articulación con el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), lideran la iniciativa de memoria ‘Sanando desde el corazón y la sabiduría en el territorio: Proceso de construcción de memoria entorno al mártir misak Taita Juan Tunubalá Hurtado’. 

Este proceso busca honrar la causa, el legado y la memoria de Taita Juan Tunubalá por el magnicidio cometido en el año 1988, presuntamente a manos de la guerrilla Quintín Lame. Para lograrlo, el Cabildo de Guambía, con apoyo del CNMH, promovieron una iniciativa de memoria histórica en el que participaron mama Tatiana Bachiller, Taita Jesús Tunubalá y Luis Tumiñá. Mediante su propia metodología, conversaron con mamas, taitas y gobernantes de la época que conocieron a Taita Juan, con sus familiares y solidarios para volver sobre su vida mediante la memoria de sus recuerdos, a través de un trabajo etnográfico, revisión documental, fotográfica y observación participativa. 

El resultado de ese proceso de construcción de memoria histórica es un monumento en su honor, creado por el artista caleño Harvy Oviedo, quien logró recrear la figura del taita Juan gracias a ese trabajo exhaustivo de la comunidad misak y el acompañamiento del CNMH. La instalación y develación de la estatua será este sábado 7 de agosto, en una jornada que incluirá, en primer lugar, la armonización del territorio que acoge el monumento. En esta ceremonia, que involucra a dos médicos tradicionales, se le dará la bienvenida al retorno de Taita Juan Tunubalá, a Santiago, Casa de las Autoridades de Guambía.

Posteriormente, se conversará con los facilitadores de la palabra del territorio. Un facilitador de la palabra es una persona del pueblo misak que habla wampi-misamerawam, la lengua materna de esta comunidad indígena. Estos facilitadores, que construyeron el proceso de memoria en el territorio, desarrollaron una metodología denominada Diálogos alrededor del NakChak. El NakChak es el fogón. En torno a la cocina, los misak se reúnen y comparten además del alimento, la palabra y conversan sobre los tópicos y temas que les convoca. De esta manera, se realizaron cinco diálogos alrededor del NakChaK que permitieron conocer mejor la historia de Taita Juan Tunubalá, el contexto en el que vivió y las causas de su muerte. Los facilitadores de la palabra hablarán del proceso y compartirán con la comunidad la experiencia de la Iniciativa de Memoria Histórica.

La jornada finalizará con un diálogo con el artista Harvy Oviedo, quien hablará sobre el proceso de construcción del monumento.

 

La lucha del taita Juan Tunubalá*

Taita Juan creció en Santa Clara (Guapí, Cauca). Desde su niñez, vivió en carne propia la terrajería, otra forma de esclavitud en el siglo XX que consistía en la práctica de apropiación de las tierras y el trabajo indígenas, a través de los sistemas de hacienda y terraje, que llevó a la desvertebración del territorio y de la comunidad guambiana. Las condiciones de opresión propias de la terrajería significó para las familias Misak la degradación paulatina de sus vidas, en la que eran sometidos al hambre, humillaciones, maltratos, sin libertad ni territorio: una vida en la que se debían casi enteramente a servir al terrateniente. 

Estas múltiples humillaciones llevaron a Taita Juan a dedicar su vida a la lucha por los derechos del pueblo misak y por la tierra que les había sido arrebatada. En 1987 fue elegido como vicegobernador por su compromiso en la lucha por la tierra, y representó un pilar importante para la ampliación del resguardo. 

Finalmente, en julio de 1998, aproximadamente a las 7 de la noche, personas encapuchadas y armadas lo sacaron de su casa. Después de dos semanas de búsqueda, su cuerpo fue encontrado con múltiples signos de tortura. La lucha de Taita Juan Tunubalá representó la filosofía del pueblo misak: una lucha desinteresada, un rescatador de los derechos. Pensaba en su pueblo. 

*Apartado de insumo pedagógico, Luis Tumiñá Ussa.


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“Por los retoños del árbol truncado”: memorias de las familias de la Fuerza Pública

Los diálogos por la pedagogía de la memoria inician con la comuna 13 de Medellín

Aunque Asviponalca tiene trabajo en distintos municipios, desarrolla labores en el municipio de Popayán. Foto: Julián Moreno para CNMH

Autor

CNMH

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Foto: Julián Moreno para CNMH

Publicado

20 agosto 2020


“Por los retoños del árbol truncado”: memorias de las familias de la Fuerza Pública

La Asociación de Viudas de Agentes de la Policía Nacional del Cauca (Asviponalca) lanzará, con el apoyo del Centro Nacional de Memoria Histórica, el producto de su trabajo como iniciativa de memoria. Se trata de una agenda en la cual la Asociación nos cuenta sobre sus propósitos y desde la voz de las viudas y los hijos de agentes de la fuerza pública conoceremos las reminiscencias sobre los padres, amigos y esposos, así como las situaciones a las que se enfrentaron las viudas y cómo lograron salir adelante. 

El lanzamiento será el próximo 25 de agosto y ustedes podrán conectarse a través del facebook live del Centro Nacional de Memoria Histórica. Acompáñanos y conoce más sobre un grupo de familias que por más de 30 años se ha aferrado a la vida.

De acuerdo con el Observatorio de Memoria y Conflicto del Centro Nacional de Memoria Histórica, en Colombia entre 1958 y 2017, han sido afectados 23.086 miembros de la fuerza pública en acciones relacionadas con el conflicto armado en el país. Esta cifra nos invita a considerar no solo los efectos de la violencia en los uniformados, sino el sufrimiento y la incertidumbre que experimentan numerosas familias que se enfrentan a la ausencia, la afectación y el dolor ante lo sucedido con sus familiares. 

Asviponalca representa a algunas de estas familias. La asociación se originó el 10 de agosto de 1986 cuando ante la pérdida de sus esposos algunas viudas se comenzaron a acompañar en el proceso de duelo y en los trámites administrativos ante las entidades estatales. Su trabajo se ha forjado para promover colectivamente el conocimiento de las implicaciones que viven las familias de quienes, siendo miembros de las fuerzas armadas estatales, han sido heridos, asesinados, desaparecidos o han fallecido; también es una apuesta por el reconocimiento de los derechos que las familias tienen. 

“Por los retoños del árbol truncado” es el lema de la asociación, una metáfora que alude a los uniformados como árboles y a sus familias, especialmente a sus hijos, como sus retoños; este lema revela el eje de su trabajo: el bienestar de las familias de la fuerza pública, especialmente de quienes quedaron huérfanos. Atendiendo a ese propósito esta asociación no solo trabaja por quienes han sido afectados por el conflicto armado colombiano, sino por un universo amplio de familias que se enfrentan a la pérdida o lesión de sus esposos, hijos o padres. 

En el proceso de acompañamiento del Centro Nacional de Memoria Histórica que se realizó mediante el apoyo a Iniciativas de Memoria, además del reconocimiento de estos hombres como servidores de la patria, se reivindicaron sus roles en el hogar, su carácter y dimensión humana, que muchas veces están encubiertos por su vinculación con las fuerzas armadas.

Volver al pasado condujo además a reconocer la importancia que tiene Asviponalca para sus asociados, como el apoyo y lazo de amistad que se ha gestado entre ellos les ha permitido seguir adelante con sus vidas. De acuerdo con Nancy Sánchez, participante del proceso, “la cercanía con la asociación ha sido para mí un apoyo importante; he sentido que no soy la única que pasa por eso”. En particular, la asociación ha jugado un papel definitivo en la búsqueda de condiciones de bienestar para las familias, en especial en relación con la salud, educación y vivienda.

‘Unas verdaderas heroínas’

El proceso promovió una comprensión amplia de la memoria, que reviste de relevancia cómo se vive el impacto de la pérdida o lesión, cómo se afrontó ese hecho y las formas que las viudas se inventaron para dar continuidad a la vida en medio de la pérdida y el sufrimiento. Así, no solo se hizo memoria sobre los uniformados como protagonistas de esta historia, sino que cada uno de los participantes del proceso habló de sí mismo, esto abrió el camino para que a través de la memoria reivindicaran su fortaleza, capacidad de gestión y resistencia. 

 “Reconocimos la dificultad, la enfrentamos y la asumimos. (…) No fuimos flojas y prácticamente solas logramos salir adelante ante todos los embates de la vida” cuenta Ana Ruth Lemus, quien enviudó en 1986. 

Asviponalca se ha convertido en una red de apoyo y amistad para sus miembros. Foto:Julián Moreno para CNMH.

Asviponalca se ha convertido en una red de apoyo y amistad para sus miembros. Foto:Julián Moreno para CNMH.

Los hijos reconocieron a sus mamás como heroínas incansables que con paciencia, amor y valentía lograron criarlos y hacer el papel de madre y padre en los hogares. “Mi mamá es una superhéroe. Yo a ella siempre la he visto trabajando y hoy agradezco esa fortaleza que tiene para luchar y trabajar en favor de las víctimas”, agrega Adriana Nievas, hija de un agente de policía fallecido. 

Estas memorias están plasmadas en la agenda “Por los retoños del árbol truncado” que se materializó y será presentada públicamente con el apoyo de la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo (ACCD). Pueden conocer este producto en el evento de lanzamiento que se llevará a cabo el próximo 25 de agosto a partir de las 6pm, en el cual escucharemos a las protagonistas de estas historias y sus experiencias construyendo memoria.

El evento se transmitirá mediante el facebook live del Centro Nacional de Memoria Histórica. Pueden participar y seguir la campaña de comunicación mediante los hashtags #LaMemoriaReivindica y #TerritoriosyMemorias 

El lanzamiento será el próximo 25 de agosto y ustedes podrán conectarse a través del facebook live del Centro Nacional de Memoria Histórica. Acompáñanos y conoce más sobre un grupo de familias que por más de 30 años se ha aferrado a la vida.

Para mayor información sobre el lanzamiento de la Iniciativa puede contactarse con:

Julieta Castiblanco (Estrategia de Comunicaciones del CNMH): 3168202740

Juan Pablo Esterilla (Estrategia de Comunicaciones del CNMH): 3125730785


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Cauca, Derechos, Fuerza Pública, Memoria, Mujeres, Paz, Policía, Popayán

Una iniciativa para reivindicar memorias en el Cauca

Asviponalca trabaja por las familias de la Fuerza Pública. Foto: Julián Moreno para CNMH.

Asviponalca trabaja por las familias de la Fuerza Pública. Foto: Julián Moreno para CNMH.

Autor

CNMH

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CNMH

Publicado

11 agosto 2020


Una iniciativa para reivindicar memorias en el Cauca

  • La Asociación de Viudas de Agentes de la Policía Nacional del Cauca (Asviponalca) lanzará, con el apoyo del Centro Nacional de Memoria Histórica, el producto de su trabajo como iniciativa de memoria. 
  • Se trata de una agenda en la cual los integrantes de la asociación nos cuentan -desde la voz de las viudas y los hijos de agentes de la Fuerza Pública-, las reminiscencias sobre los padres, amigos y esposos, así como las situaciones a las que se han enfrentado.

Durante años, víctimas del conflicto armado colombiano han echado a andar sus propias iniciativas para construir un país en paz. Ejemplo de ello ha sido la Asociación de Viudas de Agentes de la Policía Nacional del Cauca (Asviponalca).

Asviponalca está compuesta por 390 personas de diferentes edades que residen en distintos municipios del Cauca, especialmente en Popayán. Su inicio se remonta a 1986, año en el que de manera paulatina mujeres viudas se fueron juntando para reconocer a sus esposos, exigir justicia y reclamar un compromiso serio de la institucionalidad en relación con el bienestar económico de las familias de uniformados que habían muerto. 

Desde el 2019, la Asociación empezó a trabajar conjuntamente con el Equipo de Apoyo a Iniciativas de Memoria Histórica con el objetivo de desarrollar un producto con el que además pudiesen compartir sus memorias. 

Llevarlo a cabo implicó el desarrollo de una serie de espacios que sirvieron para rememorar cualidades de la personalidad de uniformados que perdieron la vida, para recordar sus roles en lo familiar y para conversar sobre su duelo y la tarea de afrontar los hechos de violencia con la entereza que se requiere para salir adelante.

A través de sus relatos, las mujeres dejan ver los pasos que dieron desde sus procesos individuales para encontrarse como colectivo, consolidando un vínculo que inicialmente estuvo dirigido a exigir sus derechos como viudas y familiares de policías y militares.

FOTO: Ana Ruth hablando de su apuesta por la reconciliación. Foto: Julián Moreno para CNMH

Adicionalmente, en los talleres identificaron sus formas de hacer memoria: los objetos que conservan, las prácticas diarias en las que el ausente vuelve a la mente y al corazón. Se situaron como protagonistas de su experiencia e interpelaron las ideas sobre las mujeres viudas como desvalidas, compartiendo cómo se transformaron y consolidaron su trabajo colectivo. 

Con base en esos encuentros, las mujeres concertaron que querían compartir sus memorias mediante una agenda con relatos sobre la asociación y sobre cada participante del proceso. “Para irle dando forma a la agenda hacíamos jornadas de trabajo todo el día, nos saludábamos, expresábamos cómo nos sentíamos al estar ahí, hacíamos ejercicio de cómo nos habíamos conocido con nuestras parejas y contábamos qué expectativas teníamos”, cuenta Ruth.

En estos talleres, las mujeres han reflexionado sobre la necesidad de ser conscientes de sus emociones y trabajar con ellas. “Queremos sanar ese odio, esa rabia, esa tristeza, estar dispuestas a perdonar, a cambiar esa idea que teníamos de luto, de llorar, y abrir el corazón para decirle al mundo que la muerte, pero sobre toda la vida de nuestros esposos es un aporte a la paz”, añade Lemus.

La memoria fue cómplice de sus afectos y a través de la atenta escucha de las historias de otras se fortalecieron y ratificaron sus vínculos. En este proceso, las hijas e hijos tuvieron la posibilidad de manifestar su admiración por sus mamás y papás. En ellas reconocieron a unas heroínas incansables, de quienes exaltan su paciencia, amor y valentía al asumir el hogar, el trabajo y la crianza solas, cuando sus papás se ausentaron por la violencia vivida. Hacer memoria fue una forma de dignificarlas.

“Yo a mis hijas no les hablaba mucho sobre su papá, sobre todo a la menor, pues en el 86, el año en que murió mi esposo, ella tenía año y medio. Ella no sabía exactamente la historia; sabía que la guerrilla los había matado, pero en una de las sesiones tomé el impulso y ella me dijo: “mamá usted por qué no me había contado, —mamá yo no sabía todo eso—”, cuenta Lemus.

Con la elaboración de la agenda “Por los retoños del árbol truncado” se visibilizan las historias de Asviponalca, unos relatos que, en palabras de las integrantes, “no suelen encontrar eco en la opinión pública”. Las mujeres escogieron que fuera una agenda pensando en que las personas que la reciban la usen diariamente, la lleven a espacios con otras personas y divulguen el mensaje y la memoria de la asociación. El título corresponde a la apuesta de la organización por las familias —los retoños— de los miembros de la Fuerza Pública —el árbol—.  


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Bienvenida la verdad

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Autor

CNMH

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CNMH

Publicado

29 May 2015


Bienvenida la verdad

En la parte más alta de la Cordillera Occidental, a la altura del departamento del Cauca y  a cuatro horas de camino desde el municipio de Cajibio, está Ortega, un corregimiento que en una pequeña extensión ha  experimentado el conflicto en carne propia.


En sus entrañas esta tierra ha visto correr la sangre de sus campesinos desde los años 60, cuando sufrieron ataques de algunos grupos guerrilleros. Tras el asesinato por parte de un grupo de las Farc, en 1977, de Leonidas Becoche y de Manuel de Jesús Quina, la historia de este territorio dio un giro de 180 grados.

Ese día la comunidad decidió organizarse para defender su territorio de futuros ataques de grupos armados ilegales. De esta manera nacen las Autodefensa Campesinas de Ortega. Pero la historia sólo les mostró que la violencia engendra más violencia, por lo que se convirtió el único grupo de estas características que, años más tarde, fue cobijado por la Ley 1424 de 2010 y que empieza a construir una nueva historia de reintegración con sus 169 integrantes en el 2003.

A ese lugar llegó el Centro Nacional de Memoria Histórica, a través de su Dirección de Acuerdos de la Verdad para tomar los relatos de esta historia, aportes que ayudarán a reconstruir la verdad de los hechos que victimizaron a muchos miembros de la población del Cauca en el marco de la incursión paramilitar. Ellos se acercaron a  varias jornadas realizadas a lo largo del 2014 para cumplir con este compromiso como firmantes de Acuerdos de la Verdad con el Gobierno colombiano.

En la semana del 18 al 20 de mayo pasados, un grupo de miembros del equipo de la DAV de la sede regional Cali llegó hasta este territorio para hacer entrega de  78 certificaciones a igual número de personas desmovilizadas.

“Estos aportes constituyen una positiva contribución a la verdad para esclarecer el contexto, dinámica y trayectoria de esta estructura armada que surgió como una autodefensa campesina en oposición y resistencia a distintos hechos de violencia generados por la guerrilla en las décadas de los 80 y 90 e incluso con antecedentes que remontan a hechos de los años 60”, explicó el coordinador de la sede regional Cali de la DAV, Diego Luis Arias.

De esta manera la población de Ortega le dio la bienvenida a la verdad y ratificó el nuevo proyecto de construcción de su vida comunitaria, gracias al emprendimiento de diferentes proyectos productivos asociados a su vocación agrícola, el café.

“Además de cumplir con los requisitos de la Ley 1424, este ejercicio ante la DAV-CNMH las personas desmovilizadas de las Autodefensa Campesinas de Ortega  sienten como un aporte efectivo a la construcción de una paz estable y duradera”, concluyó Arias.

La actividad fue posible gracias al apoyo de los líderes de la comunidad y la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR) del Cauca.

 


Cauca, Verdad

Animaciones que cuestionan

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Autor

CNMH

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CNMH

Publicado

03 Ago 2015


Animaciones que cuestionan

Dos jóvenes del Cauca exploran, recrean y reconstruyen por medio de animaciones el conflicto armado colombiano a través de la serie web “Memorias del silencio”.

La animación como género audiovisual y artístico se ha ganado su lugar en el mundo moderno. Desde la mirada surrealista y hasta su versión expresionista, han sido testigo del desarrollo de las grandes técnicas que este lenguaje visual utiliza. Estas manifestaciones son el terreno sobre los que Dalila Molina, una antropóloga, y Sebastián Meléndez Cortés, diseñador de multimedia, plantearon la serie web “Memorias del silencio”.

La inquietud de poder contar las historias del conflicto armado colombiano a través de lo visual, pero sin caer en el amarillismo recurrente de los medios de comunicación en la representación diaria de los victimarios, les permitió encontrar en la animación los elementos adecuados para narrar los relatos de los dolientes. “La mayoría de las víctimas no desean mostrar su rostro, pero cuando le propones que se realizará por medio de la simbología de unos personajes, ellos acceden a contar su historia” cuenta Sebastián Meléndez. Y es que la animación da la oportunidad de representar la parte psicológica de las víctimas, traer el dolor y horror de la guerra de una forma artística y sin poner en riesgo la integridad de las personas.

Con la técnica del stop motion, estos dos jóvenes plantean como primera temporada recopilar en cinco capítulos -que saldrán a final de año-, sobre los Emberá Katíos, los Nasa, el desplazamiento, violencia en el Cauca y una sobre la guerra bipartidista, las diferentes afectaciones de la guerra. “En Colombia hay víctimas de todos los tiempos, no solo a partir de 1985”, explican los realizadores.

El primer capítulo habla sobre Rogelio, un niño indígena que enfrenta la guerra desde su tradición, su idiosincrasia, una historia que viene de las investigaciones en campo de Dalila con la población Nasa y las vivencias con diferentes grupos étnicos vulnerables en el conflicto armado. Aquí los realizadores interpretan en tres minutos cómo la guerra afecta a esta población indígena, y cómo ellos la enfrentan desde sus costumbres el uso de la no violencia.

Gran parte de la fortaleza que tiene “Memorias del silencio” se basa en las investigaciones con enfoque social que durante su trabajo como antropóloga adelantó Dalila. “la idea es que se convierta en un proyecto de consulta, que se muestre la serie, pero que también se exponga el documento de donde sale este producto audiovisual, la relación académica del proyecto” explica.

Con referentes artísticos del expresionismo alemán, Dalia y Sebastián buscan que con sus animaciones se muestre las subjetividades y sentimientos de las personas para sensibilizar a la audiencia sobre este tema, “yo espero que la gente genere conciencia sobre el conflicto. La naturalización de la guerra no puede seguir, la gente del común no entiende que hay comunidades que están inmersas en esta guerra y no tienen otra salida”, concluye Sebastián Meléndez.

“Memorias del silencio” un pretexto para invitarlos a conocer de una forma diferente la guerra colombiana.

 

 

Publicado en Noticias CNMH



Cauca, Conflicto Armado, Memorias, Víctimas

Rechazo por homicidio de lideresa en Cauca

Rechazo por homicidio de lideresa en Cauca

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CNMH

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comunicado por Red por la Vida y los Derechos Humanos del Cauca

Publicado

07 Mar 2018


Rechazo por homicidio de lideresa en Cauca

El Centro Nacional de Memoria Histórica, CNMH, manifiesta su preocupación por el homicidio de Maricela Tombe ocurrido el pasado 28 de febrero en el casco urbano de Playa Rica – El Tambo (Cauca).


A las 9:30 p.m. de ese domingo Maricela, de 36 años y madre de dos hijos, salía de un establecimiento cuando un sujeto atentó contra su vida.

Maricela fue líder en su comunidad. No solo fue secretaria y luego presidenta de la Junta de Acción Comunal de la Vereda Brisas, sino que llegó a ser presidenta de la Asociación Campesina Ambiental de Playa Rica (ASCAP) en 2011. En 2014 renunció a este cargo por su delicado estado de salud.

A través de un comunicado, la Red por la Vida y los Derechos Humanos del Cauca le pidió a las autoridades “esclarecer los hechos presentados. La Red llama además, al Estado colombiano a cumplir con su responsabilidad de velar por la protección y garantía de la vida y la integridad de todos y todas las colombianas.”

Hasta ahora no se tiene noticias ni indicios sobre los autores de este hecho.

“Esta tarde tenemos una reunión para hablar sobre la situación que vive el departamento. Lo que se ha evidenciado es que en varios municipios del sur del Cauca se han distribuido panfletos firmados por paramilitares anunciando una ‘limpieza social’. También hay denuncias sobre la presencia de hombres armados no identificados en diferentes zonas. Sabemos además de una situación complicada que se está viviendo en Patía, pues se han presentado homicidios”, afirmó Mabel Andrade de la Red de Derechos Humanos del Cauca – CIMA.

Actualmente el CNMH adelanta un proyecto en los departamentos de Cauca y Nariño con el Comité de Integración del Macizo Colombiano (CIMA). El objetivo es visibilizar el proceso histórico de exigibilidad de derechos, resistencia y  victimización de los campesinos pertenecientes a esta organización, con el fin de aportar al reconocimiento y dignificación de sus integrantes y de su proceso organizativo, y contribuir al derecho de memoria de la población para la no repetición.

El CNMH rechaza públicamente estas acciones violentas contra líderes de las comunidades y se solidariza con los familiares de Maricela Tombe.

 


Cauca, homicidio, lider social, Mujer

Reporteritos de la memoria

Noticia

Autor

CNMH

Fotografía

CNMH

Publicado

23 Oct 2018


Reporteritos de la memoria

Niños, niñas y adolescentes Nasa, realizaron tres cortos audiovisuales donde expresaron su percepción en el territorio, su cultura y los retos que como comunidad deben asumir en medio del conflicto armado.


En Toribío, Cauca, un grupo de estudiantes de tres instituciones educativas realizaron un ejercicio de memoria, de acercamiento a su cultura, a las raíces, ancestros y tradiciones del pueblo Nasa y, desde sus propias miradas, abordaron algunas problemáticas relacionadas con el conflicto armado y el impacto que ha tenido en sus comunidades: drogadicción, la pérdida de lugares ancestrales, afectaciones a la naturaleza y las formas de organización que han desarrollado como comunidad.

El proyecto, donde participan niños y niñas de los grados séptimo a noveno de tres colegios del municipio: La Primicia, El Sesteadero y Eduardo Santos, consiste en brindar herramientas comunicativas a los participantes para que exploren las memorias de su pueblo con relación a lo que han sufrido por el conflicto armado, pero desde un enfoque que demuestre la resistencia que como pueblo han hecho frente a los actores armados y, por supuesto, que fueran ellos mismos quienes construyeran sus relatos.

Los habitantes de Toribío hablan de más de 600 tomas y hostigamientos de la guerrilla al municipio caucano. Hay quienes dicen que perdieron la cuenta cuando ya habían sobrepasado las 250 y la Policía registra, al menos, 73 hechos violentos de este tipo.

Toribío y el departamento del Cauca en general han padecido la guerra de forma directa y aún hoy el conflicto sigue presente en el territorio con guerrillas y disidencias de las FARC. Sus habitantes lo saben de primera mano y la labor de los reporteritos, coordinada con gestores de memoria de la comunidad Nasa y el acompañamiento del CNMH, era investigar, preguntar e informar a sus compañeros por medio de tres cortos documentales. Así, con estas tres propuestas audiovisuales realizadas por los “Reporteritos de la memoria”, los estudiantes que participaron en la iniciativa nos acercan a su cultura y a sus reflexiones sobre el pasado y la memoria.

 

 

Guardias / Institución Educativa Eduardo Santos

 

 

Un ejercicio de acercamiento que hacen los estudiantes El Roblar: historia y memoria / Institución Educativa La Primicia

 

 

Siguiendo nuestro sueños por el camino de los Mayores / Institución Educativa El Sesteadero

Publicado en Noticias CNMH



Cauca, Nasa, Reporteritos, Toribío

Ocho años de la explosión de una chiva bomba en Toribío

Noticia

Autor

Daniel Sarmiento

Fotografía

Daniel Sarmiento

Publicado

09 Jul 2019


Ocho años de la explosión de una chiva bomba en Toribío

El 9 de julio de 2011, las Farc hicieron estallar una chiva bomba frente a la estación de Policía de Toribío, Cauca, el municipio con más incursiones guerrilleras en el país.


En Toribío estaban acostumbrados a los estruendos, pero ninguno como el de la mañana del 9 de julio de 2011. Era sábado, día de mercado, y la gente recorría las calles alrededor de la plaza. Los niños jugaban y los adultos cargaban alimentos de un lado a otro cuando, a las 10:30, sonó la primera ráfaga de disparos. Después otra y otra más. Y luego ese ruido que nadie pudo adivinar hasta minutos después: el de una chiva bomba que las Farc hicieron estallar junto a la estación de la Policía.

La guerra ha sido inclemente en el norte del Cauca y ese día es uno de los que peor recuerdan sus habitantes, casi todos indígenas: murieron 3 personas —el cerrajero, el carnicero y un gallero—, 103 quedaron heridas y 460 casas fueron destruidas, según el reporte que dio días después el exalcalde Carlos Banguero. Aunque los ataques, hostigamientos y tomas guerrilleras eran frecuentes, la chiva bomba les sembró una profunda desconfianza: entre otras razones, ese mismo carro los transportaba diariamente por las montañas del departamento.

Varias fuentes coinciden en que Toribío es el municipio que más ataques y hostigamientos guerrilleros ha sufrido en el país. Nuestro informe Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013) dice que hubo 32 incursiones en ese periodo. La Policía dice que fueron 72 hostigamientos y un asalto entre 2003 y 2016. La Personería dice que fueron 208 hostigamientos entre 2008 y 2015. Y organizaciones civiles, como Proyecto Nasa, dicen que entre 1983 y 2009 fueron más de 600 hostigamientos.

Te invitamos a conocer más acerca del informe “Tomas y ataques guerrilleros

Más allá de las precisiones conceptuales entre ataques, tomas y hostigamientos, que desarrollamos en el primer capítulo de nuestro informe, las cifras muestran que el Cauca fue uno de los departamentos con mayor presencia guerrillera. En esa investigación explicamos que las incursiones de las Farc, que fue el grupo que más usó esta forma de violencia en el país, tenían dos objetivos principales en esa región: mantener despejado de fuerza pública el corredor entre el norte del Cauca y el Valle, Tolima, y Huila, y profundizar su influencia en territorios indígenas para incluirlos en su agenda política.

Una de las 460 casas destruidas por la chiva bomba. – Fotografía: Daniel Sarmiento/CNMH

A pesar de la magnitud de esa violencia, los indígenas caucanos se han caracterizado por su fortaleza para mantener su autoridad sobre el territorio y promover sus formas de vida. En el informe “Nuestra vida ha sido nuestra lucha. Resistencia y memoria en el Cauca indígena”, que publicamos en 2012, decimos que aunque esa región “se convirtió en un teatro regional de guerra estable, las comunidades reforzaron sus estrategias de resistencia y desplegaron importantes iniciativas”.

Te invitamos a conocer más acerca del informe “Nuestra vida ha sido nuestra lucha

Algunos ejemplos son las “Audiencias por la vida, por la paz y contra la guerra” lideradas por la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN), con las que exigieron la desmilitarización completa del territorio, o la presencia de la Guardia Indígena de los Nasa, ganadora del Premio Nacional de Paz en 2004, que busca proteger su cultura ancestral y el ejercicio de la justicia propia.

En 2013, con el desescalamiento de la guerra que produjeron los diálogos de paz entre el Gobierno y las Farc, los indígenas quisieron cambiarle la cara a Toribío, que por muchos años estuvo lleno de grafitis alusivos a las guerrillas. Ese año fue la primera Minga Muralista del Pueblo Nasa, que repitieron en 2017, y entre las dos pintaron decenas de murales para exaltar sus tradiciones y oponerse a la guerra. Uno de los más famosos dice “Menos bazuca y más yuca”.

Te invitamos a conocer más acerca del micrositio de la “Minga Muralista

Ocho años después, el recuerdo de la chiva bomba sigue vivo y en el pueblo aún se notan los impactos de esa explosión, pero sus habitantes quieren dejar atrás el estigma de la guerra. Desde hace años repiten una y otra vez que “Toribío no es como lo pintan sino como nosotros lo pintamos”.

 


Cauca, Farc, Guerrilla, Nasa, Toribío

Tiempos de Vida y Muerte, el portal de las memorias indígenas

Noticia

Autor

Diana Gamba

Fotografía

Diana Gamba

Publicado

12 Ago 2019


Tiempos de Vida y Muerte, el portal de las memorias indígenas

El 9 de agosto, Día Internacional de los Pueblos Indígenas declarado por la Organización de Naciones Unidas, fue el día escogido para lanzar el sitio web del primer Informe Nacional de los Pueblos Indígenas. El portal se divide por entramados y tejidos, y mediante gráficas, videos, cifras e ilustraciones comparte las memorias de los 102 pueblos indígenas de todo el país.


El sitio web está construido como un telar: tiene dos entramados de larga duración, cada uno compuesto por tres tejidos. El primer entramado es sobre la historia política de los pueblos y las formas en que distintas violencias han atacado sus principios. Entre tanto, el segundo se centra en la concepción de vida y conflicto, con un especial énfasis en las afectaciones contra “la red vital”.

El sitio web es un avance de lo que se encontrará en el Informe, trabajo que se inició en 2017 y que se lanzará el próximo 12 de noviembre.

  • La unión de bases de datos de la ONIC y CNMH permitió registrar cifras de hechos victimizantes contra los pueblos en los últimos 60 años. – Fotografía: Diana Gamba/CNMH

  • “Para nosotros ha sido una historia de violencia de larga duración, desde 1492 hasta la actualidad. Que los pueblos pervivan es una responsabilidad de la humanidad”. – Fotografía: Diana Gamba/CNMH

  • “Queremos vivir tranquilos, queremos vivir en paz y que Colombia se reconozca en su diversidad.  Cuenten con nosotros para la paz, nunca para la guerra”, dijo Óscar Montero. – Fotografía: Diana Gamba/CNMH

Con la presentación de la información que está alojada allí, con la asistencia de delegados y delegadas de diferentes pueblos indígenas, con música, danza y rituales de armonización se llevó a cabo el lanzamiento del sitio web del Informe Nacional de Pueblos Indígenas, un trabajo conjunto entre el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) y la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), que explica las violencias, sus consecuencias y las formas como han sido enfrentadas por los pueblos indígenas.

Durante el lanzamiento del portal, Óscar Montero, coordinador de este, expresó que el espacio fue una oportunidad para reivindicar y comentar la existencia de los pueblos indígenas, su lucha y resistencia.

En su concepto, el sitio web narra la larga duración de la violencia que ha ocurrido contra los pueblos indígenas. “Queremos que se conozca esa historia para que no se repita. Yo quiero que mi hija no repita lo que vivió el pueblo Kankuamo. En la página está lo que ha pasado con nosotros, pero también la memoria viva, aquella que muestra la riqueza de la diversidad de nuestro país”, agregó Montero.

La conmemoración de un nuevo Día Internacional de los Pueblos Indígenas se produce en momentos en que los 102 pueblos del país han declarado la emergencia humanitaria, económica y social. Esto ante las dinámicas de desplazamiento, confinamiento y asesinatos que se han venido presentado en zonas como el norte del Cauca y todo el pacífico colombiano. Según cifras de la ONIC, en el último año han sido asesinados 100 indígenas. “Exigimos garantías para que pare el genocidio”, dijo Luis Acosta, coordinador nacional de la Guardia Indígena en el Cauca.

A propósito del riesgo de extinción física y cultural de los pueblos indígenas, tal y como lo indica el Auto 004 de 2009 de la Corte Constitucional, el sitio web hace énfasis en el concepto de “la mala muerte”. Sobre ella, Carlos Benavides, investigador de Tiempos de Vida y Muerte: la lucha de los pueblos indígenas de Colombia, expresó que el asesinato de un líder, mamo o autoridad tradicional indígena implica la pérdida de saberes y sentidos de relación con la madre tierra.  “La muerte de una sola persona puede convertirse en una masacre contra los pueblos, pues un líder es el reflejo y sabiduría de la comunidad”, agregó Benavides.

Para Óscar Montero, este trabajo de más de dos años, el cual llevó a investigadores de la ONIC y CNMH a recorrer selvas, mares, sabanas y también ciudades, debe apuntar a que la sociedad colombiana los acompañe y entienda que los indígenas también hacen parte del país. “La sociedad civil debe saber que no solo nos acaban con los asesinatos, sino también con discriminación, racismo y políticas públicas”.

Rafael Tamayo, director encargado de construcción del CNMH, dijo que el sitio web “Tiempos de Vida y Muerte: la lucha de los pueblos indígenas de Colombia” considera que este es uno de los primeros trabajos académicos como territoriales entre una institución pública con vocación de reparación simbólica y académica, y los representantes de unos pueblos que históricamente han sido marginados y olvidados.

Así pues, este trabajo conjunto pretende colaborar con la difusión y comprensión de los procesos sociales y culturales de los pueblos indígenas. Al respecto, Rafael Tamayo recalcó que “el informe también demuestra la intención del Estado de trabajar por asuntos sociales y culturales sin perder de vista las afectaciones con ocasión del conflicto”.

Durante el evento, no sólo se enfatizó en las afectaciones físicas (ya sea individuales o colectivas), sino también en los daños que la guerra y ciertos proyectos económicos generan a la naturaleza y la cultura de los pueblos originarios. Así pues, el segundo entramado del sitio web presenta el concepto de “red vital” como la trama que relaciona el mundo natural, espiritual y humano y que frecuentemente se ve alterada por la violencia. “Si hay una alteración en el altiplano cundiboyacense, eso afecta también a las comunidades que están en la Sierra, por ejemplo”, dijo Carlos Benavides, investigador del informe.

El sitio web y posteriormente el informe que será lanzado en noviembre, estará siendo socializado en diferentes ciudades en actividades tanto del CNMH como de la ONIC. Los invitamos a entrar, recorrer y comprender esta propuesta narrativa www.memoria.onic.org.co/

 


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