Cuando llegan las temperaturas agradables y volvemos a ver brillar al sol, las flores comienzan a asomar y a enseñarnos sus mejores colores y perfumes. Pero estas no son las únicas que llegan con la primavera, los bebés en la naturaleza también lo hacen en esta época del año. Ya sabes que todas las especies animales son nuestras amigas, y en esta ocasión, la cigüeña nos ha contado una interesante historia.
 

Quiénes son las cigüeñas

 

- ¡Buenos días, señora cigüeña!

 

- ¡Buenos días, Neala! ¿Cómo te encuentras?

 

- Muy bien, hemos salido a pasear y queríamos hacerte una visita. ¿Qué haces?

 

- Pues estoy buscando algo de comida, como en esta zona la vegetación es baja, siempre puedo encontrar presas fácilmente con mi lago pico.

 

Las cigüeñas son aves de gran tamaño que se caracterizan por su plumaje blanco de alas negras. Cuando son adultas, el pico y las patas adquieran una tonalidad rojiza, y por su parecido suelen confundirse con otras aves como las garzas y las grullas. Su alimentación varía a lo largo del año, pero destacan los insectos, las lombrices y las ranas.

 

- ¿Y has venido sola a buscar alimento?

 

- Sí, mi marido está en el nido que construimos hace ya algunos años con nuestros bebés. Hoy me toca a mí ir a por el almuerzo.

 

- ¡Ah, qué bien! Ya que mencionas a tus polluelos, ¿cómo es esa historia que cuentan y que dice que tú traes a los bebés?

 

- ¿La de cuando viajábamos a París? Bueno, si te refieres a esa, ya sabes que la juventud es una época de la vida en la que siempre haces muchas cosas, y con el paso de los años, la tranquilidad va ocupando cada vez una parte más grande de tus días. Pero, sí, te la contaré.

 

Estas aves son monógamas como la mayoría de los humanos. Es decir, buscan una pareja para pasar su vida y construyen sus casas o nidos en lo alto de los edificios. ¿Nunca has visto las fotos de los campanarios? Además, son muy responsables y ambos miembros de la pareja cuidan por igual de sus huevos y de sus polluelos cuando nacen.

El viaje de los bebés

En uno de nuestros viajes, ya sabes que las cigüeñas somos aves migratorias de largas distancias, decidimos hacer una parada en París porque nos quedaba de paso. Tuve un problema en una de mis alas y no me vi en condiciones de seguir volando. Encontramos una torre muy cómoda y decidimos pasar allí la temporada hasta que me recuperase. Lo cierto es que todo se complicó y al final nos quedamos más tiempo del necesario, y regresamos a nuestro hogar nueve meses después, cuando ya había llegado la primavera y nuestros polluelos habían nacido.

Puesto que el viaje era largo, utilizamos una pequeña manta para transportar a los bebés, que nos colgamos del pico para poder volar con comodidad. Al llegar, cansados, podía escucharse su fuerte llanto, y los humanos que vivían aquí, enseguida se asomaron a las ventanas para ver qué sucedía. Como sus bebés también tardaron nueves meses en nacer,pensaron que éramos nosotros quienes los traíamos. Y desde entonces, y por nuestra gran capacidad para proteger a nuestras crías, se sigue contando esta historia.

 

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