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Patrimonio

Santuario de la Virgen de la Vega

Vista desde el suroeste

En cada una de las localidades hay una iglesia. A medio camino entre Cimanes y Bariones está El SANTUARIO DE LA VIRGEN DE LA VEGA, que  es el monumento más importante de la comarca.
Su historia y descripción se detallan a continuación: Los cimientos de la ermita actual, al menos parte de ellos y parte de sus muros, datan del siglo X. Sobre ellos hubo un armazón de madera que sostenía el tejado o cubierta, según la historia de Gómez Moreno. Parece que esto duró hasta el siglo XIII, momento en que sufrió una reforma de gran importancia, dividiendo el cuerpo de Iglesia en tres naves con sus arcos, columnas y bóvedas. Así se ha conservado hasta la actualidad, con alguna pequeña reforma. Lógicamente pensando, se puede suponer que si ya existía una ermita en honor de la Virgen de la Vega y que a ella se atribuye la victoria de los cristianos contra los moros, cristianos agradecidos  (como solían ser siempre nuestros antepasados) aumentaron su fervor y devoción a la Virgen. En acción de gracias aumentaron también el recinto material del Santuario primitivo, construyendo sobre el mismo suelo el actual y grandioso edificio. No es fácil pensar que, antes de esta época, construyeran un santuario de tales proporciones. También nos hace pensar de esta forma la coincidencia de tiempos, pues la época de los restos que nos quedan de un anterior santuario, sobre el que se ha construido el actual, es inmediatamente posterior a los días en que aquellos cristianos recibieron el magnánimo favor del cielo y coincide con la época de la imagen que conservamos.

Vista suroeste

Un siglo después, en el siglo XIV se adosó al cuerpo de Iglesia el pórtico de entrada cuyos arcos no guardan armonía con el resto del Santuario, netamente románico en toda su construcción, pues son de líneas ojivales. En el siglo XVI sufrió la última reforma de importancia y ampliación, en que sin tocar a lo ya existente, se agrandó todo el bajo presbiterio o crucero y el ábside de la nave central de forma semicircular; el crucero está rematado en su parte superior y central por una hermosa cúpula en forma ovoidal, ricamente labrada en su concavidad, sobre escayola, con cuatro grandes ojos de buey que dan luz al santuario. Al mismo tiempo se hizo una hermosa sacristía embovedada, adosada al ábside por la parte meridional y la torre cuadrada que se alza, altiva y esbelta, en la parte norte del santuario hacia media distancia de la longitud del mismo. Esta última reforma es toda ella de piedra labrada y muy bien pulimentada. El ábside está rematado en su interior por una lonja de naranja que hace de bóveda, adornada con finos nervios de arquitectura ojival que la hacen más vistosa y agradable. En la parte norte del ábside, se conserva parte de un muro antiguo, sobre el que se construyó el actual, en que se ve un dintel horizontal y otro al lado, a más baja altura, en forma de arco de medio punto, hoy también cerrado con piedra. Dice la tradición, era la puerta por donde pasaba la reina Urraca, desde su palacio, construido en las inmediaciones, hasta el santuario.

Descripción del altar mayor y de la imagen: La mayor joya que alberga nuestro santuario bajo su bóvedas después de la imagen de la Virgen es el retablo del altar mayor cuya descripción hace maravillosamente el famoso historiador Gómez Moreno en la forma siguiente: Retablo de estilo Berruguete, muy bien conservado con finas tallas de grotescos, trofeos, figuras mutiladas, etc., en frisos, pedestales, columnas y orejeras y las armas de Pimentel (Conde de Benavente, General que asistió a la toma de Granada por los Reyes Católicos). Compónese de Banco, dos cuerpos y ático: en el primero hay apóstoles de relieve hasta medio cuerpo; en los demás se distribuyen nueve tablas pequeñas con asuntos del Evangelio, inspiradas también en lo de Berruguete, y aunque incorrectas siempre, sus composiciones ofrecen novedad, viveza de actitudes y asesorías interesantes, en especial la de la Epifanía. La imagen de la Virgen de la Vega, cuya advocación lleva el santuario, es la más antigua que se conserva, pues hay otra en la Iglesia de Santa María de Benavente, llamada la Veguilla, de tamaño muy inferior, de piedra, también con piedras en la mano, lo que demuestra la identidad de motivo de la devoción del pueblo fiel, es decir, la aparición en la batalla del Mato, pero esta es bastante posterior, probablemente una imitación de la primera, pero muy poco lograda.

La Virgen de la Vega

La imagen que hoy preside en su trono el vetusto santuario, probablemente es del siglo X y con toda seguridad antes del siglo XII, no sería temerario sospechar o imaginar que fuera una copia más o menos fiel de la imagen que presidió el santuario primitivo antes de la aparición. Puede que la imagen, que fue la hallada por un pastor en el pozo que se encuentra en las inmediaciones del santuario, y bien por la intemperancia de los tiempos, bien por haber estado baja tierra con todas sus humedades, o bien porque las circunstancias de los tiempos cambiaran el gusto artístico de los tiempos de la época, no les sirviera y algún imaginero especializado confeccionara la actual, suponemos que fuera una imitación más o menos perfecta de la anterior. Esta imagen de la Virgen de la Vega es una talla de madera, en posición sentada, de ochenta centímetros de altura y treinta de base de su peana, tiene al niño sobre las rodillas, de frente y en el centro, sostenido por la mano izquierda de la Virgen, pues en la otra tiene una piedra representando el hecho de la aparición tirando piedras contra los moros, el niño tiene la mano izquierda sobre la mano de la Madre y en la derecha también una piedra, el manto de la Virgen y el vestido del niño están pintados de una pintura de oro finísimo dado a la plancha, el resto de pintura ya sin color, pero pudiendo garantizar ser la primera pintura que recibió la imagen.

También merecen ser mencionadas en estas páginas las andas que han portado durante siglos tan vetusta y preciada imagen. Son del siglo XVI al XVII de madera muy pesada, ricamente doradas y rematadas con pelícano, como símbolo de la Eucaristía, en su cúpula sostenida por cuatro columnas, en la concavidad de la mencionada cúpula está decorada con atributos del Espíritu Santo.
 

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