Edgar Andrew fue el único pasajero argentino que viajó en la embarcación y pronosticó el trágico final que tuvo. El personaje de Jack, en la película del Titanic, se habría inspirado en su historia.

Según informa MDZ ONLINE, el hundimiento del Titanic, el 15 de abril de 1912, inspiró a una de las producciones cinematográficas más recordadas de todos los tiempos, así como un sinfín de documentales y reportajes sobre la vida de cada uno de los pasajeros y tripulantes.

La historia de Jack de la película dirigida en 1998 por James Cameron se vinculó con la del único argentino que se aventuró como pasajero de la embarcación, por la similitud entre ambos destinos.

Se trata de Edgar Andrew, un cordobés de tan solo 17 años que, por las vueltas de la vida, tuvo que cambiar los boletos del barco Oceanic con los del famoso Titanic, sin tener que pagar un peso de más, al igual que lo que hizo el personaje de DiCaprio en la recordada película.

Pero Edgar no fue el único argentino que viajó en el “barco insumergible”, aunque sí el único como pasajero. Además, se encontraba Violeta Constance Jessop, una bahiense que integraba la tripulación del Titanic al trabajar como camarera y que, además, fue una de los 712 sobrevivientes a la tragedia, según destaca el mencionado medio.

La historia de Edgar Andrew, el cordobés que tuvo una premonición

La historia de Edgar Andrew comenzó a trascender después de su muerte, por el hundimiento del barco gigante aquel 15 de abril. Fue su sobrina nieta, Marianne Dick, la que quiso dar a conocer su historia al mundo, relatando la vida de su antepasado en entrevistas y documentales.

Además, Analía Gozzarino y Nicolás Cheetham, en colaboración con Dick, crearon el Museo Virtual de Edgar Andrew, como la página de Instagram con el mismo nombre, en donde comparten los detalles de la estancia cordobesa en la que vivió, y todo lo relacionado con su expedición al Titanic.

El informe de MDZ ON LINE destaca que Marianne empezó a oír historias de su tío abuelo desde que era pequeña; su abuela, Ethel, recordaba a su hermano y le mostraba las cartas que él enviaba previo a su trágico final. Fue así que la mujer, nutrida de ese conocimiento, se animó a difundir su biografía, fotos y cartas.

Así es que trascendió que Edgar Andrew, nacido en 1895, era descendiente de ingleses, y vivía en una estancia en El Durazno, ubicada en el Valle de Calamuchita de la provincia de Córdoba. Los ocho hermanos Andrew fueron enviados a estudiar a Inglaterra, como parte de una tradición familiar. Sin embargo, el joven prefería quedarse a trabajar en el campo antes que vivir en Europa.

En el país británico, Edgar recibió una invitación por parte de su hermano mayor, Silvano Alfredo, a su casamiento con una estadounidense en el país norteamericano. Entonces, Andrew compró un ticket para viajar a fines de abril del 1912 en el barco Oceanic.

Previo a ese viaje, él planeaba verse con su amiga íntima, Josey, pero sus planes se vieron truncados por una huelga de trabajadores que no quisieron cargar carbón a la embarcación. En cambio, la empresa ofreció a los pasajeros viajar en el Titanic, sin pagar lo que en verdad costaba.

El viaje de Edgar comenzó, sin que estuviera muy convencido. Desde el barco, él les escribía cartas a su amada y a su familia. “Desde este colosal barco tengo el placer de saludarte. Hoy llegaré a Irlanda, donde pasaré unas pocas horas. Yo lo estreno a este en su primer (no se lee). Edgardo”, se podía leer en la carta compartida en el museo virtual.

Lo llamativo de esta historia es que, entre esos escritos, el joven que deseaba ver a su amiga, le envió un mensaje premonitorio que, un siglo más tarde, sigue impactando a la sociedad. “Sé muy bien que la noticia de mi partida será muy dura, pero paciencia, así es el mundo. Figúrese Josey que me embarco en el vapor más grande del mundo, pero no me encuentro nada de orgulloso, pues en estos momentos desearía que el Titanic estuviera sumergido en el fondo del océano”, escribió entonces.

Con el correr de los años, circularon diferentes historias en torno al paso de Andrew por el Titanic, como su presunto rol de héroe el darle un chaleco salvavidas a una chica, a la que le habría salvado la vida. Aun así, la sobrina nieta de Andrews reveló que ese detalle no está registrado ni comprobado, por lo que se trataría de un mito que se hizo más grande de lo que creían.

Por otra parte, Alexandra Klingelhofer, jefa del equipo de restauración de objetos recuperados del Titanic, compartió con National Geographic su interpretación sobre el hallazgo del diario personal del joven, que fue rescatado del interior de su valija en el año 2000. El diario se encuentra, actualmente, en el Museo Titanic Art Exhibition de Orlando, Florida, Estados Unidos.

Actualmente, se puede visitar el Museo del Carruaje en Calamuchita, donde su sobrina, Marianne, destinó una habitación a la historia de Edgar, y el naufragio del Titanic.

 

 

Fuente y foto: MDZ ONLINE